Creo que un gran indicador del aburrimiento existencial de un país es la rapidez con la que sus ciudadanos se lanzan a la compra compulsiva de alimentos cada vez que se oyen cabalgar los caballos de la crisis.
Rompiendo con la rutina, desando formar parte de un grupo de extras en la escenificación del fin del mundo, hoy los supermercados se han vuelto a abarrotar de grandes previsores.
lunes, 9 de junio de 2008
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